Él
se dirigió hacia el gabinete médico del área de neumología, su especialidad en
aquél hospital madrileño donde llevaba trabajando unos 8 meses. Guardó sus
cosas en su taquilla, una de las más grandes y solicitadas del hospital. Una
puerta azul de hierro le separaban de sus cosas innecesarias en ese momento.
Cogió su uniforme, de un azul marino bastante llamativo y sus aparatos médicos,
a parte de una pequeña caja roja de terciopelo. Cuando por fin se dispuso a
caminar hacia su consulta, se topó con Florentino, especialista en sicología,
que no tardó ni un segundo en fijarse en la pequeña caja roja que caía del
bolsillo de Raúl.
-
Vaya, vaya… con que te has decidido por
fin…
-
Sí… Le voy a pedir que se case conmigo…
-
Mucha suerte
Los
dos amigos se abrazaron, y Raúl reemprendió su camino hacia su consulta, con
una sonrisa de oreja a oreja, y tarareando su canción favorita. Ese día era uno
de los mejores que había vivido en aquél hospital en el que trabajaba. Ya en la
consulta, se sentó en su cómodo sillón, fabricado en piel, y se dispuso a ver
fotos de su amada. Una chica rubia, de ojos azules claros y que siempre
caminaba con una sonrisa en la cara ocupaba por completo su corazón.
-
¿Se puede? – preguntó una agradable voz,
que él no tardó en reconocer.
-
Claro, cielo
Era
ella, su novia. Él se levantó y corrió hacia ella, haciéndose daño
accidentalmente con el pico de la mesa.
-
Estás muy torpe, cariño – dijo ella
besándole
-
Es que… estando tú… jaja
Un
ambiente agradable y lleno de amor se respiraba en aquella sala.
-
Me tengo que ir, mi vida – dijo ella
-
¿Pasas luego a buscarme y nos vamos
juntitos a casa?
-
Claro =)
Ella
se marchó, tras un agradable abrazo que se dieron. Él pensaba que nunca
encontraría a alguien que se le pareciera a ella, tan atenta y tan cariñosa.
Mientras tanto, por otra zona del
hospital, se encuentra Mónica, la mejor amiga de Anna y la única que sabe su
enfermedad, un cáncer de páncreas en fase terminal. Aquél era su último día en
el hospital, y estaba muy triste. Se encontró con su amiga en la cafetería,
dónde se sentaron en la mesa más próxima a la ventana principal y tomaron con
gusto el café de la tarde.
-
¿Se lo has dicho ya a Raúl?
-
No puedo hacerlo, tía – dijo triste –
No… no me veo con fuerzas para hacerlo…
-
¿Qué piensas hacer ahora?
-
Me voy ahora a la casa del pueblo…
quiero pasar mis últimos días allí…
-
No quiero despedirme de ti
Las
dos amigas se abrazaron. Ambas echaban lágrimas por los ojos, pues sabían que
quizás no volverían a verse nunca.
-
Que sepas que para mí has sido un gran
apoyo estas semanas, Mónica, y que nunca te olvidaré.
-
Lo mismo digo, Anna.
Anna
se fue hacia el gabinete médico del área de traumatología, donde se encontraba
su taquilla. Dentro de ésta, guardaba varias fotos de su novio y ella, juntos y
felices. Se querían demasiado como para separarse, pero no había otra solución.
Mientras miraba las fotos, notó unos brazos fuertes alrededor de su cintura.
Sonrió, pues sabían quién se encontraba allí.
-
Cariño… - dijo ella girándose - Qué
guapo estás con ese traje…
-
Dame la mano, por favor - él sonrió
Ella
le dio la mano, y cerró los ojos.
-
Anna… ¿quieres casarte conmigo?
Le
colocó el anillo en el dedo anular de su mano derecha, y ella abrió los ojos,
empapados en lágrimas de amor y tristeza.
-
Claro que quiero…
Se
besaron y se fueron hacia la casa donde convivían juntos desde hacía dos meses.
Se tumbaron en el sofá, y ella, con una tristeza que inundaba profundamente su
corazón, le confesó lo de su enfermedad.
-
Mi niño… - dijo ella mientras él le
acariciaba el pelo y le daba besos tímidos - Tú sabes que te quiero, que te
amo, que te adoro… ¿no?
-
Claro mi vida...
-
Raúl… me estoy muriendo…
-
¿Có… cómo? - dijo él, con lágrimas en
los ojos
-
Tengo… un cáncer de páncreas terminal…
en cualquier momento…
-
No…
Él
lloraba desconsoladamente, mientras que la piel de ella comenzaba a palidecer
rápidamente.
-
Raúl… te amo…
Esas
fueron sus últimas palabras, pronunciadas después de haberle dado una nota que
escribió el día que le diagnosticaron su enfermedad.
-
Mi vida… no te vayas…
Ella
dio un suspiro, y falleció, en los brazos de él. Raúl lloraba
desconsoladamente, había perdido a la persona que más quería y que más
necesitaba en su vida.
Dos
días después, enterraron a Sandra en el cementerio de Mollet del Vallès, su
pueblo natal, y Raúl volvió a Madrid, a la casa donde tantos momentos habían
compartido juntos. Cogió la carta que le dio Anna, y empezó a leerla.
Para Raúl:
Raúl,
¿qué hubiera sido yo sin ti? Me has apoyado siempre, me has cuidado, me has
querido, me has amado… has hecho mucho por mí. Me enamoré tanto de ti como tú
de mí, y esta historia de 3 meses ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.
Eres el hombre ideal, cariñoso, amable… eres lo mejor de este planeta.
Espero
que no me olvides nunca, sé que no lo harás… Para que te acuerdes de mí, te doy
esta foto editada y el collar que lleva mi nombre, que espero que nunca te
quites, ya que simboliza que mi corazón está unido al tuyo.
Te
amo muchísimo, mi vida.
Anna
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